Circular con el parabrisas en mal estado o con una visibilidad reducida puede acabar en multa. La sanción habitual alcanza hasta 200 euros y, aunque normalmente no implica pérdida de puntos, sí puede convertirse en un problema de seguridad importante al volante. El motivo no es únicamente llevar una grieta o el cristal sucio: lo que sanciona Tráfico es conducir sin unas condiciones de visibilidad suficientes de la carretera.

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Pero ¿a qué situaciones se refieren las posibles sanciones? Pues desde salir con el coche todavía cubierto de escarcha en invierno hasta conducir con el parabrisas empañado, con demasiada suciedad acumulada o con una grieta situada justo en el campo de visión del conductor. Colocar objetos en el cristal o en el salpicadero, como soportes de móvil, pueden dificultar la visibilidad y provocar algún que otro contratiempo (como el regalo inesperado de una cuantiosa multa).

Qué situaciones pueden provocar una multa por el parabrisas

Aunque muchas veces pasan desapercibidas, algunas situaciones cotidianas relacionadas con el parabrisas pueden comprometer seriamente la visibilidad al volante. En esos casos, los agentes pueden considerar que existe un riesgo para la seguridad vial y castigar al conductor.

Las multas de la DGT suelen llegar cuando el cristal dificulta ver correctamente la carretera, las señales o el resto de vehículos. Y no hace falta que el parabrisas esté completamente roto: basta con que determinados elementos reduzcan la visión durante la conducción.

Conducir con hielo o escarcha en el parabrisas

Quien vive en zonas donde las heladas son frecuentes en invierno conoce bien la escena: llegas al coche temprano, el parabrisas está cubierto de hielo y te toca esperar unos minutos antes de poder salir. El problema llega cuando, por las prisas, limpias únicamente la parte central del cristal y empiezas a conducir con el resto de la luna todavía cubierta de escarcha.

Aunque el coche pueda ponerse en marcha, la visibilidad en estas condiciones no es la misma. Cuesta más calcular lo que ocurre alrededor, se pierde visión lateral y cualquier maniobra exige más atención de la habitual. Y no solo por el parabrisas: también los retrovisores o las ventanillas laterales pueden quedar parcialmente cubiertos y dificultar todavía más la conducción. Ahí es donde la DGT recuerda que conducir con el parabrisas en mal estado o con la visión parcialmente obstaculizada puede derivar en sanciones de hasta 200 euros.

Además, el hielo no siempre desaparece enseguida. En trayectos cortos y mañanas especialmente frías, parte de la escarcha puede mantenerse en las esquinas del cristal o reaparecer vaho en el interior mientras el habitáculo todavía sigue frío. Y eso complica mucho más algo tan cotidiano como incorporarse a una glorieta, detectar a tiempo una bicicleta o ver con claridad a un peatón cruzando entre coches. Los expertos también recomiendan evitar el agua caliente para retirar el hielo, ya que el contraste brusco de temperatura puede acabar dañando el cristal.

Cuidado con el vaho y los cristales empañados

El vaho tiene la mala costumbre de presentarse cuando menos apetece: en una mañana fría, después de varios minutos bajo la lluvia o justo al arrancar el coche con varias personas dentro. Al principio parece una molestia menor, pero basta con que el parabrisas empiece a empañarse un poco para que la visibilidad cambie por completo, sobre todo de noche o en calles con mucho tráfico.

Muchos conductores intentan resolverlo mientras circulan, bajando ligeramente la ventanilla o aumentando la potencia de la calefacción. El problema es que, durante esos minutos, la visión sigue siendo deficiente y cuesta más distinguir peatones, motos o vehículos que surgen desde los laterales. Recuerda que el Reglamento General de Circulación obliga a mantener una visibilidad adecuada en todo momento.

También influye el estado del propio cristal. Cuando el parabrisas acumula suciedad o grasa por dentro, el vaho aparece con más facilidad y tarda más en desaparecer, algo que se nota especialmente con las luces de otros coches o los reflejos de la lluvia. Por eso conviene que revises regularmente el sistema antivaho y limpies bien los cristales interiores… aunque sea una de esas tareas que casi siempre se dejan para otro día.

Grietas y pequeños impactos

A veces basta con una pequeña piedra saltando desde la carretera para dejar una marca casi imperceptible en el parabrisas. Lo malo es que, aunque al principio apenas se vea un pequeño punto o una línea fina en el cristal, los cambios de temperatura o las vibraciones de la conducción pueden hacer que esa fisura termine extendiéndose mucho más de lo esperado.

No todas las fisuras implican automáticamente una multa, pero sí pueden convertirse en un problema cuando afectan al campo de visión del conductor. Además, un parabrisas dañado no solo dificulta la visibilidad: también pierde parte de su resistencia estructural, algo importante en caso de accidente o si tienes una cita con la ITV próxima en tu agenda.

Por eso conviene reparar cuanto antes cualquier impacto pequeño antes de que vaya a más.

¿Qué pasa con los objetos colocados en el parabrisas?

Hay conductores que llevan el soporte del móvil colocado justo en mitad del parabrisas y apenas le dan importancia. Otros acumulan pegatinas, cámaras o incluso pequeños objetos colgados del retrovisor. Y en ambos casos, puede que estos elementos terminan reduciendo una parte importante del campo de visión sin que el conductor apenas lo perciba.

En ciudad puede parecer algo menor, pero en determinadas maniobras basta con tapar parcialmente un lateral del cristal para dificultar la visión de una moto, un peatón o un coche que se aproxima desde otra calle. Y es que la ley no establece las normas de manera caprichosa, sino para garantizar el mayor nivel de seguridad vial en todo momento, para todos los usuarios y en todos los puntos de la red de carreteras.

El estado del parabrisas influye más de lo que parece

Muchas veces solo se presta atención al parabrisas cuando aparece una grieta o empiezan las lluvias fuertes, pero lo cierto es que cumple una función bastante más importante de lo que parece. No solo influye en la visibilidad: también forma parte de la estructura del vehículo y ayuda a absorber parte de la fuerza en caso de impacto. Además, algunos modelos actuales incorporan parabrisas atérmicos, diseñados para reducir parte del calor que entra en el habitáculo y mejorar el confort durante la conducción.

Muchos coches modernos incorporan cámaras y asistentes de conducción —los conocidos sistemas ADAS— que trabajan directamente sobre la luna delantera. Funciones como el mantenimiento de carril, la frenada automática o el reconocimiento de señales dependen, en muchos casos, de cámaras instaladas junto al parabrisas. Por eso, un golpe, una mala reparación o incluso determinadas deformaciones en el cristal pueden afectar a su funcionamiento.

También ocurre algo parecido con las escobillas. Aunque sigan moviéndose con normalidad, cuando empiezan a desgastarse dejan pequeñas marcas de agua y aumentan los reflejos, algo que se nota especialmente de noche o con lluvia intensa. Y ahí muchos conductores descubren que el parabrisas no era solo “un cristal más” del coche.

Como ocurre con cualquier sanción de tráfico, las multas relacionadas con el parabrisas también pueden recurrirse si consideras que la denuncia no refleja correctamente la situación o la limitación real de visibilidad.

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