Seguro a todo riesgo

Un seguro a todo riesgo es la póliza más completa para tu vehículo. Además de incluir las coberturas básicas (responsabilidad civil, robo, incendio y lunas), cubre los daños propios de tu vehículo (chapa y pintura), incluso si el accidente ha sido tu culpa.

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Además, de entre todos los tipos de seguros de coche, estos suelen incluir protección frente a robos, incendios, lunas rotas, actos vandálicos o determinados daños provocados por fenómenos atmosféricos. Pero ojo: “a todo riesgo” no significa literalmente “todo”. Hay averías, negligencias y situaciones concretas que quedan fuera de la cobertura, y conviene tenerlas claras antes de contratar la póliza.

Daños y situaciones que cubre un seguro a todo riesgo

Aunque cada compañía establece sus propias condiciones, un seguro a todo riesgo suele cubrir muchas más situaciones que un seguro a terceros básico o ampliado. Y eso se nota especialmente cuando el daño lo sufre tu propio coche.

No hablamos solo de accidentes graves: también entran muchos de esos percances cotidianos que tarde o temprano le acaban pasando a casi cualquier conductor: un golpe aparcando, una luna rota por una piedra en carretera o unos daños provocados por un intento de robo. Estas son algunas de las coberturas más habituales:

Daños propios aunque seas el responsable

Aquí está la gran diferencia entre un seguro a terceros y uno a todo riesgo. Si un día calculas mal y te llevas un bolardo por delante maniobrando o si tienes una salida de vía sin otro coche implicado, el seguro puede cubrir la reparación aunque el golpe haya sido culpa tuya.

Es precisamente ese tipo de situaciones —las más comunes y las que más rabia suelen dar— las que normalmente quedan fuera de un terceros convencional. En un todo riesgo, en cambio, la aseguradora puede asumir el coste de los daños o indemnizar según lo que hayas contratado.

Robo del coche y daños por intento de robo

Que te roben el coche entero es el peor escenario, pero no hace falta llegar a eso para acabar pasando por el taller. Un retrovisor arrancado, una cerradura forzada o una ventanilla rota intentando entrar al vehículo son daños que muchos seguros a todo riesgo también contemplan.

La cobertura suele incluir tanto el robo completo del coche como la sustracción de determinadas piezas. Eso sí, algunos elementos no originales —como pantallas, llantas o accesorios instalados después— pueden quedar fuera si no aparecen declarados en la póliza.

Incendios y explosiones

Aunque no sea una de las averías más habituales, un incendio puede provocar daños muy importantes en cuestión de minutos. Los seguros a todo riesgo suelen cubrir tanto los incendios parciales como los casos en los que el coche queda completamente calcinado.

Aquí pueden entrar situaciones como un cortocircuito, un fallo eléctrico o una combustión accidental. Dependiendo de los daños y de las condiciones contratadas, la aseguradora podrá hacerse cargo de la reparación o indemnizar al propietario.

Rotura de lunas

Pocas cosas dan más pereza que escuchar el impacto de una piedra en el parabrisas y ver cómo empieza a extenderse una grieta. La rotura de lunas es una de las coberturas más habituales en los seguros a todo riesgo y normalmente incluye el parabrisas delantero, la luneta trasera y las ventanillas laterales.

En algunas pólizas también entra el techo solar, aunque conviene revisarlo porque no todas las compañías lo incluyen de serie. Además, es bastante habitual que la reparación o sustitución de lunas no tenga franquicia, incluso en seguros que sí la aplican para otros daños propios.

Actos vandálicos y daños intencionados

Encontrarte el coche rayado al volver al aparcamiento o descubrir que alguien ha roto un espejo durante la noche son algunas de esas situaciones que pueden desesperar a cualquiera. Pero tranquilo, porque los seguros a todo riesgo suelen cubrir este tipo de daños provocados de forma intencionada.

Otra cosa distinta son las marcas y pequeños desperfectos que aparecen con el uso diario del coche. El desgaste normal, los arañazos acumulados con el tiempo o la falta de mantenimiento no suelen estar incluidos.

Daños por fenómenos atmosféricos

El granizo, la caída de ramas o una tormenta fuerte también pueden acabar pasando factura al coche. Muchos seguros a todo riesgo cubren este tipo de daños siempre que se trate de fenómenos atmosféricos habituales y no de situaciones consideradas extraordinarias.

Y ahí es donde entra el Consorcio de Compensación de Seguros. Casos como inundaciones por lluvias torrenciales, terremotos, tornados o vientos superiores a 120 km/h no los asume normalmente la aseguradora, sino este organismo público.

Daños por animales y roedores

Los atropellos a animales son más frecuentes de lo que parece, especialmente en carreteras secundarias. Muchos seguros a todo riesgo incluyen este tipo de accidentes, aunque conviene comprobarlo bien porque las condiciones cambian bastante de una póliza a otra.

También es relativamente habitual que se cubran daños provocados por roedores, por ejemplo cuando muerden cables o afectan a componentes del motor.

Asistencia en carretera y defensa jurídica

Además de los daños materiales, los seguros a todo riesgo suelen incluir servicios de asistencia y apoyo al conductor. Aquí puede entrar desde la grúa y la asistencia en carretera desde el kilómetro 0 hasta la defensa jurídica o la reclamación de daños tras un accidente.

Son coberturas que muchas veces pasan desapercibidas al contratar el seguro, pero que pueden marcar bastante la diferencia cuando aparece un problema de verdad.

¿Qué es lo que no cubre un seguro a todo riesgo?

Aunque la protección es mucho más amplia que en otras modalidades, conviene que tengas presente que un seguro a todo riesgo no cubre cualquier problema relacionado con el coche. Hay situaciones en las que la aseguradora puede rechazar la reparación o no hacerse cargo de los daños. Estas son algunas de las exclusiones más habituales:

  • Las averías mecánicas que no estén provocadas por un accidente. Por ejemplo, una rotura del motor por desgaste o un fallo de la caja de cambios normalmente no entran dentro de la cobertura. En ese sentido, servicios como RACE Unlimited incluyen una garantía mecánica con la que el Club puede asumir determinadas reparaciones para sus socios.
  • El desgaste por uso y las tareas de mantenimiento habituales del vehículo. Cambiar neumáticos, frenos, batería, embrague o amortiguadores forma parte del mantenimiento normal del coche y corre por cuenta del propietario.
  • Los daños provocados si conduces bajo los efectos del alcohol o las drogas. En estas situaciones, la aseguradora puede negarse a cubrir los daños e incluso reclamar posteriormente las cantidades abonadas.
  • Los accidentes derivados de una conducción temeraria o de un uso inadecuado del vehículo. Por ejemplo, participar en carreras, entrar en circuito con el coche o utilizarlo de una forma distinta a la declarada en la póliza.
  • Los accesorios o modificaciones no homologadas que no hayan sido comunicadas a la compañía. Algunas aseguradoras solo cubren determinados elementos si aparecen expresamente incluidos en el contrato.
  • Los siniestros comunicados fuera de plazo o los casos en los que exista fraude o incumplimiento grave de las condiciones de la póliza.

En determinados fenómenos extraordinarios, como grandes inundaciones o terremotos, la cobertura suele depender del Consorcio de Compensación de Seguros y no directamente de la aseguradora.

¿Qué diferencia hay entre un seguro a todo riesgo con y sin franquicia?

Al contratar un seguro a todo riesgo, normalmente tendrás que elegir entre hacerlo con franquicia o sin ella. La diferencia afecta sobre todo al momento en que toca pasar por el taller. Con franquicia, una parte de la reparación corre de tu cuenta y el resto lo paga la aseguradora. Sin franquicia, es la compañía quien asume el coste completo dentro de lo establecido en la póliza.

La forma más sencilla de verlo es pensar en cuánto pagaría cada parte tras un golpe. Si la franquicia es de 300 euros y la reparación cuesta 1.000, tú asumirías esos primeros 300 y la aseguradora se haría cargo del resto. Precisamente por eso este tipo de pólizas suelen ser más baratas: aceptas cubrir una pequeña parte del daño si algún día tienes un accidente o un roce importante.

De todos modos, no todas las reparaciones funcionan igual. En muchos seguros, la franquicia se aplica sobre todo a los daños propios, mientras que la reparación de lunas suele quedar cubierta aparte y sin coste adicional para el conductor.

Al final, elegir una modalidad u otra depende bastante del uso que hagas del coche. No es lo mismo dormir siempre en el garaje y hacer pocos kilómetros que aparcar cada día en la calle o moverse constantemente por la ciudad. Ahí es donde conviene echar cuentas y valorar qué te compensa más.

Preguntas frecuentes sobre los seguros a todo riesgo

A continuación respondemos a algunas de las dudas más frecuentes sobre el seguro a todo riesgo:

¿Qué incluye la cobertura de un seguro de coche a todo riesgo?

Un seguro a todo riesgo suele incluir daños propios, robo del vehículo, incendios, rotura de lunas, actos vandálicos, asistencia en carretera y determinados daños provocados por fenómenos atmosféricos. Además, muchas pólizas también incorporan defensa jurídica y reclamación de daños. Las coberturas concretas pueden variar según la aseguradora y las condiciones contratadas.

¿Qué casos no cubre un seguro a todo riesgo?

Normalmente quedan fuera las averías mecánicas por desgaste, el mantenimiento habitual del vehículo, los daños provocados por conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas y los accidentes derivados de una conducción temeraria o de un uso inadecuado del coche. También puede haber limitaciones con accesorios no declarados o modificaciones no homologadas.

¿Un seguro a todo riesgo cubre golpes propios?

Sí. Esa es precisamente una de las coberturas más importantes de esta modalidad. Si tienes un golpe maniobrando, rozas el coche al aparcar o sufres un accidente sin otro vehículo implicado, la aseguradora puede hacerse cargo de la reparación según las condiciones de la póliza.

¿El seguro a todo riesgo cubre actos vandálicos?

En la mayoría de los casos, sí. Los daños provocados de forma intencionada, como rayones en la carrocería o espejos rotos, suelen estar incluidos. Aun así, conviene revisar siempre las condiciones concretas del seguro porque puede haber límites o exclusiones según la compañía.

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