Bosques de leyenda, cuevas, ermitas y paisajes envueltos en misterio. Ocho rutas para descubrir la cara más enigmática de España cuando el otoño tiñe el paisaje de ocres y dorados.
TEXTO: CRISTIÁN RAMÓN COBOS
Hay caminos que invitan a caminar y otros que parecen pedir que bajemos la voz. España está llena de rutas de senderismo en las que naturaleza, historia y leyenda se entrelazan: bosques que esconden relatos fantásticos, ermitas rodeadas de enigmas, cuevas asociadas a brujas y paisajes donde la niebla parece formar parte del decorado. El otoño, con sus colores, sus días más cortos y esa luz dorada tan particular, es una de las mejores épocas para descubrirlos.
Les Estunes, Girona
A pocos kilómetros de Banyoles se encuentra Les Estunes, un bosque de robles y encinas atravesado por enormes grietas y cavidades de roca. Según la tradición, aquí vivían las goges, las mujeres de agua de la mitología catalana.
El recorrido es corto y sencillo, pero el paisaje sorprende a cada paso. El suelo se abre en estrechas fisuras entre árboles cubiertos de musgo y algunos huecos parecen ocultarse bajo la vegetación. En otoño, las hojas doradas y la humedad convierten el lugar en un auténtico escenario de cuento. Conviene caminar con atención, especialmente cerca de las grietas, algunas de considerable profundidad.
San Baudelio de Berlanga, Soria
En el paisaje austero de Tierra de Berlanga aparece una de las construcciones más sorprendentes del patrimonio español: la ermita de San Baudelio, levantada a finales del siglo XI.
Esta joya del arte mozárabe sorprende por su interior, dominado por una espectacular columna en forma de palmera que sostiene la bóveda. Las pinturas murales que decoraban el templo fueron parcialmente arrancadas y dispersadas por distintos museos, una historia que añade todavía más interés a la visita.
La excursión puede completarse con Berlanga de Duero y sus alrededores, especialmente atractivos cuando la luz otoñal tiñe de dorado el paisaje castellano.
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Hayedo de Otzarreta, Bizkaia
Hayas retorcidas, troncos cubiertos de musgo y un pequeño arroyo que atraviesa el bosque. El Hayedo de Otzarreta, en el Parque Natural de Gorbeia, parece diseñado para una película de fantasía.
Su aspecto se debe en buena parte a las antiguas hayas trasmochas, podadas durante generaciones para aprovechar su madera y que hoy presentan formas casi escultóricas. Es en otoño, cuando el suelo se cubre de hojas amarillas y ocres, cuando el hayedo despliega todo su encanto.
La visita puede alargarse hasta el cercano humedal de Saldropo, otra parada especialmente atractiva para quienes quieran seguir explorando el entorno.
Ruta de las Caras, Cuenca
En los pinares de Buendía, junto al embalse, las rocas esconden algo inesperado: rostros humanos, figuras fantásticas, dioses, monjes y hasta una calavera tallados directamente sobre la piedra.
La Ruta de las Caras nació en los años noventa y reúne alrededor de una veintena de esculturas que aparecen poco a poco a medida que avanza el sendero. El recorrido es corto y sencillo, por lo que resulta perfecto para una escapada en familia.
Entre las figuras destacan la Dama del Pantano, Krishna, Maitreya y De Muerte. Si además se visita a última hora de la tarde, las sombras pueden hacer que algunas de las caras resulten todavía más inquietantes.
Zugarramurdi, Navarra
Pocas localidades españolas tienen una relación tan estrecha con las leyendas como Zugarramurdi. Su enorme cueva fue asociada durante siglos con aquelarres y reuniones de brujas, mientras que en 1610 la Inquisición juzgó a varios vecinos acusados de brujería.
La cueva, formada por la acción del agua, alcanza unos 120 metros y se encuentra a pocos minutos a pie del pueblo. El recorrido por su interior y el entorno boscoso del valle de Baztan convierten la visita en una de las experiencias más singulares del otoño navarro. Para completar la historia, el Museo de las Brujas permite conocer qué hubo realmente detrás de unas leyendas que todavía perduran.
Cañón del Río Lobos, Soria
Un enorme cañón calizo, paredes verticales, cuevas y buitres leonados forman uno de los paisajes más espectaculares de Castilla y León.
En el corazón del cañón aparece la ermita de San Bartolomé, asociada tradicionalmente a los templarios, aunque su relación con la orden pertenece más al terreno de la tradición que al de las certezas históricas.
El sendero permite caminar junto al río y acercarse a la Cueva Grande, mientras los farallones se elevan a ambos lados. En otoño, los amarillos y ocres de la vegetación contrastan con las paredes de roca y convierten el paseo en una de las grandes escapadas de naturaleza de la provincia.
Ruta de las Xanas, Asturias
Las xanas son las ninfas de agua de la mitología asturiana, y este espectacular desfiladero lleva su nombre. El sendero atraviesa un estrecho cañón entre paredes calizas, bosques, pequeñas cascadas y tramos excavados en la roca hasta alcanzar Pedroveya.
No es una ruta especialmente complicada, aunque algunos pasos son estrechos y requieren atención. La recompensa está en el paisaje: en otoño, hayas, castaños y avellanos cambian de color mientras la humedad cubre de musgo las paredes.
Es fácil entender por qué la tradición situó en estos bosques a las misteriosas xanas, criaturas que, según las leyendas, aparecían junto a ríos y fuentes.
Valle del Silencio, León
En los Montes Aquilianos, junto a Peñalba de Santiago, se esconde uno de esos lugares cuyo nombre ya parece formar parte de una leyenda.
Según la tradición, San Genadio se retiró a una cueva para meditar y pidió al río que dejara de hacer ruido. Hoy, el valle ofrece senderos entre montañas, robles y castaños hasta la cueva del santo.
La excursión puede completarse con una visita a Peñalba de Santiago y su extraordinaria iglesia mozárabe, una de las joyas del Bierzo. En otoño, los colores del bosque y la tranquilidad del valle hacen especialmente fácil comprender de dónde procede ese nombre tan evocador.
Todas estas rutas tienen algo en común: no hace falta enfrentarse a grandes ascensiones ni adentrarse en lugares inaccesibles para encontrar paisajes capaces de despertar la imaginación. Basta con elegir un día de otoño, calzarse unas buenas botas y dejar que el camino haga el resto.
Y si aparece la niebla, mucho mejor. En estos rincones de España, el paisaje no necesita demasiados efectos especiales.





















