De las hogueras monumentales de Alicante a las noches atlánticas de Galicia, el 23 de junio se ha convertido en una experiencia colectiva de tradición y emoción.
TEXTO: ALMUDENA SANTOS
Cada junio, cuando el verano comienza a asomarse y el sol alcanza su punto más alto, España se transforma en un mapa de fuego, música y rituales. Desde el Mediterráneo hasta el Atlántico, miles de personas salen a la calle para celebrar una tradición ancestral que mezcla raíces paganas, simbolismo religioso y una necesidad de empezar de nuevo y dejar atrás todo lo malo, casi como durante la última noche del año.
La ruta para conocer las distintas formas en las que se puede celebrar la noche de San Juan podría comenzar en Alicante, donde las hogueras tienen una dimensión monumental. La ciudad vive sus días grandes entre el 20 y el 24 de junio, cuando las calles se llenan de arte, pólvora y música. Enormes esculturas de cartón y madera, cargadas de crítica social, se plantan en distintos barrios hasta que, en la noche de la “cremà”, el fuego las convierte en ceniza.
La celebración, de hecho, está reconocida como Fiesta de Interés Turístico Internacional y constituye uno de los grandes acontecimientos festivos del Mediterráneo español. Pero no solo es contemplación, sino que también se escucha. Las mascletàs convierten la pólvora en lenguaje y hacen vibrar, literalmente, la Plaza de los Luceros. A ello se suman los desfiles tradicionales, las barracas, la música festera y una estética profundamente ligada a la identidad alicantina.
De Galicia a Cataluña
Sin embargo, la magia de San Juan no está solamente en el Mediterráneo. A más de mil kilómetros de allí, en A Coruña, el fuego adquiere otro carácter. Las playas atlánticas se llenan de hogueras, sardinas asadas y grupos de amigos que esperan la medianoche frente al mar. En Galicia, la tradición conserva un fuerte componente ritual: saltar las llamas para atraer la buena suerte, lavarse la cara con agua de hierbas al amanecer o dejar atrás lo negativo del año escribiéndolo en un papel que termina consumido por el fuego.

Es decir, mientras Alicante convierte San Juan en una gran escenografía urbana, Galicia la mantiene conectada con el paisaje y la tradición popular de las ‘meigas’. Dos formas distintas de entender una misma necesidad: reunirse alrededor del fuego para celebrar un cambio de ciclo.
En Barcelona, la “revetlla de Sant Joan” mezcla verbenas, petardos y cenas al aire libre en terrazas y playas. En muchos hogares catalanes, la coca de Sant Joan ocupa el centro de la mesa mientras los barrios se llenan de petardos hasta altas horas de la madrugada. La expedición también puede desviarse, aunque siguiendo en la costa mediterránea, hacia Ciutadella, donde las fiestas incorporan caballos. Los “jaleos”, con estos animales elevándose entre la multitud, convierten las calles en una escena imposible de olvidar.
Viajar siguiendo el rastro de San Juan es también recorrer distintas formas de entender el verano español. Lo que permanece inalterable es el simbolismo. El fuego sigue representando purificación, renovación y comunidad. Durante unas horas, miles de personas vuelven a reunirse alrededor de algo tan antiguo como una hoguera.



















