Las escapadas no convencionales por San Valetín redefinen la forma de celebrar el día del amor en pareja, con el principal objetivo de sorprenderla.
TEXTO: ALMUDENA SANTOS
San Valentín huele tradicionalmente a rosas, cenas con velas y escapadas. Pero, cada vez son más las parejas que buscan celebrar el día de una manera diferente. Una noche en un faro frente al mar, en una ‘casa del árbol’ o dentro de un iglú bajo un cielo estrellado. Son algunas de las alternativas que eligen cada vez más personas para crear recuerdos inolvidables.
Lejos de los alojamientos convencionales, estas propuestas convierten el lugar en el eje central de la experiencia y responden a una nueva forma de entender el viaje en pareja, más vinculada a la vivencia que al destino. Dormir en espacios singulares no es solo la aventura, sino que también ayuda a vivir una desconexión real de la rutina diaria, al mismo tiempo que sirve para reforzar el valor del tiempo compartido con la pareja.
Dormir en plena naturaleza
Una de las propuestas para pasar la noche este San Valentín pasa por elegir un alojamiento único. Una opción para ello pasa por dormir una noche dentro de un faro aislado, donde el sonido del mar sustituye al ruido urbano y la luz giratoria marca el paso del tiempo. Un momento único en el que disfrutar del silencio, el océano y la compañía de tu pareja. El Faro de Punta Cumplida, en la isla de La Palma, o el Faro de Isla Pancha (en la imagen), en la costa de Lugo, son lugares que permiten vivir este tipo de experiencia, ya que ambos han sido reconvertidos en espacios turísticos que conservan su esencia original y ofrecen vistas privilegiadas al mar.
Pero también hay otras opciones originales y llenas de aventura. Dormir una noche en una casa del árbol, acompañado del ruido de las ramas y las hojas y a varios metros del suelo.
Y es que subir por una escalera de madera, sentir el crujido del tronco, asomarse a una terraza entre copas… Quién no ha imaginado vivir algo así de pequeño. Dormir en un árbol no es solo volver a la infancia, es reconectar con la naturaleza y con la persona que tienes al lado. Una experiencia que se puede disfrutar en los bosques de Girona, el Pirineo aragonés o zonas rurales de Navarra y el País Vasco, por ejemplo.
Siguiendo con la línea de la naturaleza, hay quienes optan por pasar la noche dentro de un iglú. Rodeados de nieve y bajo un cielo estrellado, convierte el plan en una experiencia inolvidable. Una vivencia que parece que haga falta ir al Polo Norte para disfrutarla, pero que cada vez se hace más popular en España. De hecho, en estaciones de esquí como Grandvalira, en Andorra, o en áreas del Pirineo catalán y aragonés, se ofrecen experiencias de alojamiento efímero bajo la nieve, combinadas con cenas de montaña y actividades nocturnas, que transforman San Valentín en una vivencia fuera de lo habitual.
Foto: Pxhere
Un San Valentín que se recuerda
Este tipo de experiencias ayuda a bajar el ritmo diario que conllevan las grandes ciudades, dedicar tiempo de calidad a la pareja y disfrutar de la naturaleza que rodea el lugar elegido. Son vivencias que ayudan a agrandar la conexión con quien acompaña la aventura, acompañados de una puesta de sol, del sonido que genera el viento sobre los árboles o el calor de un chocolate caliente mientras amanece en la nieve.
Y es que este tipo de escapadas, además de romper con la rutina, también han cambiado la idea tradicional del romanticismo. Suponen dejar a un lado las rosas, las velas y las joyas como regalo, para invertir en una experiencia única. Permite dejar a un lado la idea materialista que ha estado dominando San Valentín en los últimos años, para dar paso a buscar tiempo de calidad entre pareja.
Foto: Pxhere
Amor, aventura y recuerdos
San Valentín no tiene por qué ser previsible. Puede ser frío, salvaje, silencioso o elevado a varios metros del suelo. Puede implicar linternas, mantas térmicas o escaleras de madera. Puede ser una historia que se cuente durante años. Y es que el amor también se celebra explorando, arriesgando un poco y saliendo del guion.
Frente a las celebraciones más convencionales, este tipo de propuestas ponen el acento en la vivencia compartida y en la creación de recuerdos duraderos. Elegir un alojamiento singular implica también una forma distinta de viajar, más pausada y consciente, en la que el entorno y la experiencia adquieren un papel protagonista. En este contexto, dormir en lugares poco habituales se consolida como una tendencia al alza entre aquellas parejas que buscan celebrar San Valentín desde una perspectiva diferente.





















