El 29% de los trabajadores por cuenta ajena declara haber sufrido un siniestro in itinere, y el 21% durante su jornada laboral, según un informe de la Fundación RACE.
TEXTO: JAVIER VARELA
Arrancar el coche cada mañana rumbo al trabajo se ha convertido, para muchos empleados, en el momento más peligroso de su jornada. No es una percepción: casi el 30% de los trabajadores por cuenta ajena reconoce haber sufrido algún accidente en el trayecto de ida o vuelta al trabajo, una cifra muy superior a la de los siniestros ocurridos durante el horario laboral propiamente dicho, que afectan al 21%. Así lo refleja el II Informe de Seguridad Vial Laboral en España, elaborado por GAD3 para el Real Automóvil Club de España (RACE) y la Fundación RACE, con el respaldo de FIA Foundation.
El estudio pone el foco en una realidad incómoda: pese a los avances en prevención dentro de las empresas, la movilidad sigue siendo el gran punto ciego de la seguridad laboral. Los desplazamientos vinculados al trabajo —especialmente los denominados in itinere— continúan concentrando el mayor riesgo, con carencias evidentes en planificación, formación y protocolos específicos.
Radiografía de la movilidad laboral en España
Para trazar este diagnóstico, el informe se apoya en más de 2.500 encuestas realizadas a trabajadores asalariados, autónomos y responsables de Prevención de Riesgos Laborales (PRL) en empresas de más de 50 empleados, además de entrevistas cualitativas a expertos del ámbito empresarial, sindical y administrativo. A ello se suma el análisis de datos oficiales del INE, la DGT y el Ministerio de Trabajo, lo que permite dibujar una panorámica precisa y actualizada del problema.
Las conclusiones son claras: la cultura preventiva ha mejorado, pero no avanza al mismo ritmo que la exposición al riesgo en carretera. El coche, la moto o la furgoneta siguen siendo herramientas de trabajo infrautilizadas desde el punto de vista de la seguridad.
Vehículos, carreteras y falta de formación
Entre los trabajadores por cuenta ajena, los principales factores de riesgo tienen nombre propio: el estado del vehículo, señalado por el 73% de los encuestados; las condiciones laborales, con un 67%; y la calidad de las infraestructuras viarias, mencionada por el 58%. No sorprende, por tanto, que exista una elevada percepción de peligro en los desplazamientos diarios.
Frente a este escenario, las soluciones mejor valoradas apuntan directamente al mundo del motor: mejorar los sistemas de seguridad activa y pasiva de los vehículos, apostar por un mantenimiento riguroso y rejuvenecer un parque móvil claramente envejecido. Sin embargo, el informe detecta un déficit preocupante en formación: solo el 14% de los asalariados ha recibido entrenamiento práctico de conducción para afrontar situaciones de riesgo, y apenas uno de cada cuatro trabaja en empresas con normas claras sobre uso del móvil, mantenimiento del vehículo o pautas de conducción segura.

Autónomos: siempre al volante, casi siempre solos
La situación es aún más delicada entre los trabajadores autónomos, un colectivo que depende del vehículo para desarrollar su actividad diaria. El 29% afirma haber sufrido un accidente in itinere y el 23% durante la jornada laboral. Para ellos, los principales enemigos al volante no están en la mecánica, sino en la agenda: cansancio, prisas y estrés son señalados por ocho de cada diez como factores determinantes en los siniestros.
Las medidas preventivas que consideran más eficaces vuelven a apuntar al vehículo y al entorno: mantenimiento adecuado, mejores infraestructuras y una gestión más realista de los tiempos de desplazamiento. Aun así, el 70% reconoce no haber recibido formación específica en seguridad vial laboral y uno de cada cuatro admite desconocer qué coberturas tiene en caso de accidente. Un vacío informativo que explica por qué reclaman mayor implicación de las administraciones y más apoyo en materia de prevención.
La visión desde las empresas
Para los responsables de PRL, la movilidad ya no es un riesgo exclusivo del transporte profesional. Se ha convertido en un factor transversal que afecta a casi cualquier sector. Aunque el 82% percibe una mejora general en seguridad vial laboral, solo seis de cada diez empresas cuentan con protocolos específicos, y el nivel de riesgo sigue considerándose medio-alto.
En este contexto, la reciente aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible marca un punto de inflexión. La obligación de implantar planes de movilidad al trabajo en centros con más de 200 empleados —o 100 por turno— es vista como una oportunidad clave para analizar riesgos, ordenar desplazamientos, renovar flotas, mejorar el mantenimiento y fomentar alternativas de movilidad más seguras y eficientes.
Cifras que obligan a actuar
Los números hablan por sí solos. Solo en 2024 se registraron en España más de 76.000 siniestros viales relacionados con el trabajo, casi el 12% del total de accidentes laborales. Siete de cada diez se produjeron en los trayectos de ida y vuelta al trabajo y dejaron un balance de 239 víctimas mortales, 135 de ellas fuera del horario laboral.
Los accidentes de tráfico vinculados al trabajo concentran cerca del 30% de las muertes laborales, lo que los sitúa como la segunda causa de fallecimiento en este ámbito. Un dato que, según la Fundación RACE, subraya la urgencia de reforzar las políticas de prevención en un momento clave, con la nueva Ley de Movilidad Sostenible, la designación de 2026 como Año de la Seguridad Laboral y el 30 aniversario de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.






