MAYO JUNIO 2026

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El RACE lanza el primer seguro específico en España diseñado para proteger a los conductores frente a los ciberriesgos asociados al vehículo.

TEXTO: JAVIER VARELA

El coche ya no se roba solo forzando una cerradura. Ahora también puede hackearse. Bloquearse a distancia. Duplicarse digitalmente. O quedar inutilizado por un ataque informático. Y mientras el automóvil se convierte cada vez más en un dispositivo conectado, el conductor empieza a descubrir que circula por carretera con los mismos riesgos digitales que lleva años enfrentando en el móvil o el ordenador.

Sobre esa nueva vulnerabilidad se apoya el último movimiento del RACE, que acaba de lanzar RACE CiberAuto (https://www.race.es/race-ciber-auto), el primer seguro específico en España diseñado para proteger a los conductores frente a los ciberriesgos asociados al vehículo. Una cobertura inédita hasta ahora en el mercado asegurador español y que evidencia hasta qué punto el automóvil ha dejado de ser únicamente una máquina mecánica para convertirse en un ecosistema digital sobre ruedas.

La iniciativa no surge de una hipótesis futurista, sino de una preocupación ya instalada entre los usuarios. Según el último estudio del Observatorio de Conductores del RACE, más del 84% de los automovilistas reconoce inquietud ante la posibilidad de sufrir un ciberataque relacionado con su coche. El temor ya no se limita al robo físico: aparecen nuevas amenazas como la clonación de llaves inteligentes, los accesos remotos no autorizados o el bloqueo digital del vehículo mediante malware.

‘RACE CiberAuto’ para los ciberriesgos del vehículo 1El riesgo del software
El cambio de paradigma es profundo. Durante décadas, la industria del automóvil construyó la seguridad alrededor de la resistencia física del vehículo. Hoy, gran parte del riesgo se desplaza hacia el software. Las actualizaciones remotas, las aplicaciones móviles, los sistemas conectados o las llaves digitales han ampliado las capacidades del automóvil, pero también han abierto nuevas puertas de entrada para la ciberdelincuencia.

En ese contexto, el RACE considera que las pólizas tradicionales ya no cubren completamente la nueva realidad del conductor. Especialmente cuando más de la mitad del parque automovilístico circula ya con algún tipo de conectividad susceptible de sufrir ataques digitales.

RACE CiberAuto nace precisamente para cubrir ese vacío. El producto funciona como un seguro complementario que puede contratar cualquier conductor o motorista sin necesidad de cambiar de aseguradora ni ser socio del club. Con un coste anual desde 19,99 euros para socios y 24,99 para no socios, la propuesta busca incorporar la ciberseguridad al automóvil de la misma manera en que hace años se normalizaron otras coberturas adicionales.

El seguro incluye asistencia técnica especializada ante incidentes digitales, recuperación del acceso al vehículo tras bloqueos informáticos, protección frente a la clonación de llaves, reembolso de gastos derivados de ataques, asesoramiento jurídico y sistemas de monitorización preventiva para detectar amenazas.

Digitalización de los vehículos
Detrás del producto hay también una lectura más amplia sobre hacia dónde se dirige la movilidad. El vehículo conectado ya no es una excepción reservada a modelos premium. La digitalización se ha convertido en una característica transversal de la automoción y está transformando la relación entre conductor, coche y tecnología.

Para desarrollar esta nueva línea de protección, el RACE ha cerrado además una alianza con Lazarus Technology, empresa especializada en ciberseguridad, con el objetivo de incorporar herramientas avanzadas de detección y respuesta frente a amenazas digitales aplicadas específicamente al entorno del automóvil.

La apuesta encaja dentro de una estrategia más amplia de digitalización de servicios por parte del club automovilístico. El RACE fue una de las primeras organizaciones en introducir inteligencia artificial en la asistencia en carretera hace más de una década y ha ido ampliando posteriormente sus herramientas digitales a través de aplicaciones y sistemas de gestión en tiempo real.

Ahora, el foco se desplaza hacia un escenario distinto: proteger no solo al conductor en la carretera, sino también dentro del entorno tecnológico que acompaña al vehículo moderno.

Porque el automóvil del siglo XXI ya no depende únicamente del motor o de la mecánica. También depende del software. Y donde hay software, inevitablemente, aparecen nuevos riesgos.