De antiguo puerto esclavista y corazón industrial a referente cultural y sostenible: un viaje por la sorprendente metamorfosis de Nantes, entre las huellas de Julio Verne, las máquinas de la Isla, los jardines, el Muscadet y los paisajes de Clisson.
TEXTO Y FOTOS: JOSÉ MARÍA DE PABLO
Nantes, histórica capital de Bretaña (integrada hoy en la región Paises del Loira por caprichos políticos), es un ave fénix que brilla tras someterse a un duro y largo proceso de reconversión similar al de Bilbao. La ciudad es hoy un polo de ocio y cultura creado alrededor de sus ruinas industriales, un milagro que no oculta su pasado como puerto esclavista, momento penoso de su historia cuyos pingües beneficios fueron la base sobre la que se asentó la prosperidad de esta fascinante capital atlántica.
Este viaje hacia la excelencia urbana y como destino sostenible empezó a finales del siglo pasado, cuando arrancó Voyage à Nantes, un proyecto que aún sigue en marcha en su afán de transformar Nantes y su área metropolitana. Para no perderse nada de esta aventura, basta con seguir la línea verde que recorre el tejido urbano de toda la ciudad, guiándonos por todos los lugares que no debemos perdernos, entre los que se incluyen los monumentos históricos y las nuevas atracciones como las Máquinas de la Isla o las espectaculares instalaciones del festival anual que cada verano trae ambiciosas propuestas artísticas firmadas por autores de todo el mundo.
La céntrica Place Graslin, popularmente conocida como plaza de la Ópera, es uno de los puntos más calientes tanto del festival estival como de la vida social de Nantes. En este entorno urbano encontramos también las mejores muestras del Art Nouveau: el restaurante La Cigale, “probablemente la brasserie más bella del mundo” y, a apenas 200 metros de distancia, el Passage Pommeraye, una galería comercial cubierta construida salvando los cerca de 10 metros que separan el barrio Graslin del de Commerce. Junto a su monumental escalera decorada con esculturas podemos explorar un buen número de tiendas, entre las que están algunas de las mejores marcas de moda francesa.
De todas las tiendas, las que más fiel clientela tienen son las confiterías. La relación de la ciudad con el azúcar viene de lejos, concretamente del periodo en el que Nantes era uno de los puertos de embarque de africanos capturados con destino a América, donde se les usaba como esclavos en los campos de caña. Estos mismos barcos, antes de regresar a Europa cargaban sus bodegas de azúcar y ron, ingredientes con los que se elaboraban dulces que hoy son considerados tradicionales.
Es el caso del gateau nantes, un pastel de almendra, mantequilla y ron; o el kouign-amann, masa de pan con azúcar y mantequilla. Para catar estas especialidades podemos entrar en Gautier Debotté, chocolatería más que centenaria que se conserva con toda su decoración original, detalle importante que duplica el placer de probar in situ sus famosos mascarones, praliné crujiente de avellanas de Piamonte cubierto de chocolate.
El nombre de este dulce hace referencia a las efigies que decoran algunos de los edificios más nobles del centro histórico. Estos exóticos rostros representan a seres y dioses mitológicos, hombres negros y animales que originalmente se tallaban en las fachadas para ahuyentar a los malos espíritus, aunque aquí en Nantes tenían la función de marcar territorio e indicar el poder económico de los propietarios del inmueble.
Dejando atrás la importante Place Royale, presidida por una fuente alegórica del carácter naval de la ciudad, nos adentramos en las callejuelas más antiguas, las que nos conducen hasta la catedral de San pedro y San Pablo, un templo gótico francés que ha sido renovado recientemente tras un desgraciado incendio provocado.
En su interior destacan las altísimas bóvedas de 37 metros (3,5 más que Notre Dame de París), y la tumba de los últimos duques de Bretaña, del siglo XV, familia que auspició su construcción en piedra toba calcárea, la misma con la que se levantaron los famosos castillos del Loira.
Los Duques de Bretaña rigieron los destinos de la ciudad desde su castillo, un imponente complejo defensivo-residencial desde el que los duques rigieron los destinos de Bretaña hasta que el ducado se integró en la corona de Francia. El complejo ducal es hoy un lugar abierto a la ciudadanía, quien además de disfrutar del patio de armas, pueden visitar los edificios, sede del Museo de Historia de la Ciudad. Las salas más recomendables son las que relatan el éxito de la industria galletera, que en Nantes tiene como protagonista absoluto a LU; así como las que ponen luz sobre el oscuro negocio del tráfico esclavista.
No todo lo que iba y venía por mar era inmoral o engordaba. Desde el siglo XVII, todos los capitanes de Francia tenían la orden de traer plantas desconocidas de los países que visitaban. Para admirar esta histórica colección de seres vivos podemos elegir cualquiera de los 100 espacios verdes que hay contabilizados en Nantes (incluidas las orillas de los cinco ríos que la cruzan). De todos, sin duda, el más recomendable es el Jardín Botánico, donde podemos disfrutar gratuitamente de una colección de plantas excepcional que incluye ejemplares únicos de magnolia grandiflora o la colección de camelia china más importante de Francia.
Una isla digna de Julio Verne
La Isla de Nantes fue un bullicioso astillero hasta que los sedimentos convirtieron a la joya de la corona en un lugar inaccesible para barcos de gran calado, En 1987 los astilleros se desplazan a la costa regalando a la ciudad un lienzo en blanco en el que desarrollar nuevos proyectos. El proyecto diseñado incluye un nuevo hospital, ferrocarril, complejos residenciales, hoteles…. resumiendo, una nueva ciudad dentro de otra.
De todos estos proyectos, el más visitado es el de las Máquinas de la Isla, una especie de parque de atracciones que “se sitúa a medio camino entre el universo mecánico de Leonardo da Vinci, la historia industrial de Nantes y los mundos inventados de Julio Verne”,
célebre autor nacido en la ciudad. Las Máquinas de la Isla aúnan en un mismo espacio entretenimiento, educación, sostenibilidad y, sobre todo, tecnología. El Elefante, el Carrusel de los Mundos Marinos o la Galería de las Máquinas son en este momento las tres principales razones para venir a un espacio que está en continuo cambio.
Todo este universo sorprendente es obra de la compañía de teatro de calle Royal de Luxe, que debido al éxito cosechado, han abierto en la misma isla su propia fábrica de máquinas, división que cuenta con pedidos de máquinas en todo el mundo.
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La última locura made in “Voyage a Nantes” se llama el Jardín Extraordinario, un parque construido a escala gigante en el espacio de una antigua cantera a la orilla del Loira, a pocos metros del museo dedicado a Julio Verne. Además de zonas de escalada, una cascada de 35 metros, vegetación de tamaño descomunal y una playa verde, el lugar cuenta con miradores de vértigo para contemplar esta nueva atracción nantesa.
Antes de abandonar Nantes, nos desplazamos al mercado más bullicioso, el de Talensac. Se recomienda visitarlo el domingo, cuando la gente se agolpa ante los puestos para comprar las mejores pescados o los quesos más delicados de la región, pero también para disfrutar de los restaurantes especializados en ostras, que se catan con el mejor vino de la región, a cuyos viñedos nos dirigimos tras abandonar esta fascinante metrópoli marítimo-fluvial.
El Viñedo nantés
A menos de 15 minutos en tren de Nantes se encuentra el principal viñedo de la comarca, el llamado Muscadet, un vino que como la propia ciudad ha renacido de sus cenizas. De ser considerado un vino sin sofisticación, a partir de 2010 los viticultores y bodegueros se pusieron las pilas y han conseguido que el Muscadet esté en las cartas de los mejores restaurantes de Francia.
Su secreto está en el suelo granítico, circunstancia que obliga a la vid de la variedad Melón de Borgoña a esforzarse por llegar a los nutrientes de capas inferiores. En la actualidad la D.O Muscadet cuenta con 80 bodegas, de las cuales la mitad ofrece visitas guiadas. Una de ellas es Domain Menard Gabirit, cuyo viñedo, el más alto de Nantes, se ubica junto al encantador molino de la Minière. La visita, ofrecida por la joven enóloga Pauline Menard-Jeannin incluye un paseo por el viñedo y la bodega, donde se disfruta de una cata de referencias de la casa.
A pocos km de la bodega está el pueblo de Château-Thébaud. Allí el artista Emmanuel Ritz ha creado el mirador de La Porte Vue, una “flecha” que se incrusta en el vacío del barranco que han ido dando forma las aguas del río Maine, un paisaje único en el que el granito, el agua y las vides conviven en un equilibrio salvaje.
La ruta por los viñedos acaba en Clisson, pueblo de origen medieval ubicado en un entorno bucólico a orillas del río Sèvre Nantaise. Según cuentan los guías, sus calles fueron escenarios de historias protagonizadas por reinas traidoras y reyes sanguinarios. Sin embargo, la Revolución Francesa se llevó todo por delante (excepto el maravilloso mercado cubierto hecho con maderas milenarias) y lo que hoy vemos en Clisson es fruto del sueño de dos hermanos Cacault, anticuarios que lo reconstruyeron para crear una bucólica escena italiana con la ayuda de François-Frédéric Lemot, escultor de cámara de Napoleón I. Entre los tres crearon una escuela para artistas, una colección de arte y un jardín que ha llegado tal y como lo concibieron hasta nuestros días.
La vocación creativa de Clisson se puede ver hoy en algunos de sus espacios públicos (por ejemplo, los arcos bajo el puente de la Trinité), que han sido intervenidas por el artista Alain Thomas, especializado en fantasía animal.
No menos fantástico es el mundo que ha creado el Hellfest, festival anual de música heavy metal, a las afueras de Clisson, que reúne a cientos de miles de personas cada mes de junio. Bajo el nombre de Hellcity y alrededor de un restaurante homónimo abierto todo el año se puede visitar parte del recinto del festival, un espacio lleno de estatuas, zona de juegos infantiles y una pista de skate gigante en la que poner a prueba nuestras habilidades sobre la tabla.
Más información en la web oficial de Voyage a Nantes.
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