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Un estudio del RACE revela que el secuestro digital del vehículo y el coste de reparar su software son las principales preocupaciones en la era del coche conectado.

TEXTO: JAVIER VAGON

El coche ya no solo puede averiarse o sufrir un accidente: ahora también puede ser hackeado, y los conductores son cada vez más conscientes de ello. La digitalización del automóvil ha introducido una nueva preocupación en la movilidad que ya no tiene que ver con el motor o el comportamiento en la carretera, sino con el software. Según el primer estudio en España sobre ciberseguridad aplicada al vehículo, elaborado por Observatorio RACE de Conductores, a partir de la opinión de mil usuarios, el 84,5 % de los automovilistas teme ser víctima de un ciberdelito relacionado con su coche.

Este estudio marca un punto de inflexión en la percepción del riesgo en la carretera, ya que durante décadas, las principales preocupaciones de los conductores han sido las averías, los accidentes o los robos. Sin embargo, la conectividad, las aplicaciones móviles, los sistemas remotos y la gestión de datos están transformando el automóvil en un dispositivo tecnológico más, con sus mismas vulnerabilidades.

La ciberseguridad se ha consolidado así como una preocupación mayoritaria entre los conductores. El informe refleja un cambio profundo: los usuarios ya no solo temen problemas mecánicos, sino también ataques informáticos que puedan afectar al funcionamiento del vehículo o a su información personal.

Uno de los escenarios que más inquieta es el denominado “secuestro digital” del coche. Ante la posibilidad de que un hacker pudiera bloquear el vehículo a distancia y exigir un rescate económico para volver a arrancarlo, el 87,4 % de los conductores afirma que le preocuparía esta situación, y el 75,3 % asegura que le genera preocupación en distintos niveles. Lo que hasta hace poco parecía propio de la ciencia ficción empieza a percibirse como una amenaza real en un entorno de vehículos cada vez más conectados.

El coste de reparar el software
Más allá del ataque en sí, el impacto económico es otro de los factores que más inquietud genera. El 87,1 % de los encuestados reconoce estar preocupado por el coste de reparar el software del vehículo si este quedara bloqueado por un virus o un ataque informático. Esto refleja la incertidumbre sobre cómo afrontar este tipo de incidencias, todavía poco habituales, pero cada vez más posibles.

Aunque el ciberdelito aplicado al automóvil sigue siendo un fenómeno emergente, sus efectos ya empiezan a percibirse. El 3,4 % de los encuestados afirma haber sido víctima de un ciberdelito relacionado con su coche o conocer a alguien que lo ha sido, un dato que refuerza la idea de que este riesgo ya no es únicamente teórico.

El estudio también pone de manifiesto un importante desconocimiento entre los conductores, lo que aumenta su vulnerabilidad. El 67,3 % desconoce que un vehículo puede ser vulnerado a través del teléfono móvil, incluso si no se trata de un coche conectado. Además, el 69,77 % no sabe que los sistemas de apertura sin llave pueden ser atacados mediante inhibidores, una de las técnicas más utilizadas en el robo de vehículos.
Los resultados reflejan, en definitiva, que la evolución tecnológica del automóvil está transformando también la naturaleza de los riesgos asociados a la conducción. La creciente incorporación de sistemas conectados, aplicaciones móviles y funcionalidades remotas amplía las capacidades del vehículo, pero también abre la puerta a nuevas amenazas que obligan a replantear la seguridad en la movilidad. El coche del futuro no solo tendrá que ser seguro en la carretera, sino también en la red.