Una de las marcas más reconocidas de todo el mundo ha pasado en medio siglo de una placa de madera a meter el mundo entero en el bolsillo.
TEXTO: JOSÉ A. GONZÁLEZ
Apple ha cumplido 50 años. Y no lo ha hecho en septiembre, como podría pensarse por esa tradición tan suya de convertir el final del verano en una romería de cámaras, filtraciones y presentadores diciendo one more thing. El aniversario exacto fue el 1 de abril de 2026: cinco décadas desde que Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne pusieron en marcha una empresa que acabaría vendiéndonos ordenadores, teléfonos, relojes, auriculares y, de paso, una forma bastante concreta de relacionarnos con la tecnología.
Cincuenta años dan para mucho. Para cambiar el mundo varias veces, para estar cerca de desaparecer, para resucitar con un ordenador de colores y para conseguir que millones de personas consideren absolutamente normal hacer cola para comprar un teléfono que se parece bastante al del año anterior.
1976: una manzana cae sobre Silicon Valley
La primera Apple no era una nave espacial de cristal, sino una pequeña empresa nacida alrededor del Apple I, un ordenador diseñado por Wozniak y vendido como una placa ya ensamblada. Vista hoy, aquella máquina parece menos un ordenador. Pero allí estaba ya la idea fundamental: la informática no tenía por qué pertenecer únicamente a universidades, grandes empresas o aficionados capaces de soldar componentes sin perder una ceja. El Apple II, lanzado poco después, ayudó a llevar el ordenador personal a hogares, colegios y pequeños negocios. Apple comenzaba a demostrar uno de sus grandes talentos: no siempre inventar una categoría, pero sí volverla comprensible, atractiva y, a ser posible, bastante más cara.
1984: el Macintosh entra en escena
El 24 de enero de 1984 llegó el Macintosh. Con él, Apple popularizó una manera mucho más visual de utilizar un ordenador: ventanas, iconos, menús y ratón frente a la solemnidad de las líneas de comandos. La presentación quedó precedida por el célebre anuncio “1984”, dirigido por Ridley Scott, que retrataba a Apple como una fuerza rebelde frente al conformismo tecnológico. Era una publicidad ligeramente grandilocuente, sí, pero funcionó: cuatro décadas después seguimos hablando de ella, mientras que nadie recuerda los anuncios de fotocopiadoras de aquel año.
1985-1997: Steve Jobs se marcha, Apple se pierde
Toda gran historia empresarial necesita una travesía por el desierto. En el caso de Apple duró más de una década. Steve Jobs abandonó la compañía en 1985 después de una lucha interna. Durante los años siguientes, Apple lanzó productos interesantes, máquinas demasiado caras, ideas adelantadas a su tiempo y algún artefacto que hoy solo provoca entusiasmo entre coleccionistas. A mediados de los noventa, Apple se encontraba en serios problemas. La compañía que había prometido liberar a la humanidad del Gran Hermano empezaba a necesitar que alguien la liberase de su propio catálogo.
1997: vuelve Jobs y empieza la segunda Apple
Apple compró NeXT, la empresa creada por Jobs tras su salida, y el fundador regresó a casa. Lo primero que hizo fue simplificar: menos productos, menos confusión y una concentración casi obsesiva en fabricar unas pocas cosas muy bien. También llegó una inversión de Microsoft, una escena que en su momento provocó abucheos, pero que ayudó a estabilizar la compañía. Apple y Microsoft llevaban años representando una rivalidad casi religiosa; de pronto, Bill Gates apareció en una pantalla gigante durante una presentación de Jobs. Fue el equivalente tecnológico de descubrir que Batman compartía asesor fiscal con el Joker.
1998: el iMac pone color a la oficina
En una época dominada por torres beige que parecían archivadores con ventilador, Apple presentó un ordenador azul, redondeado y descaradamente distinto. Eliminó tecnologías que aún parecían imprescindibles, como la disquetera, y apostó por el USB y la conexión a internet. Estableció el patrón de la nueva Apple: diseño reconocible, decisiones discutibles, eliminación de puertos y una sorprendente capacidad para conseguir que, meses después, el resto de la industria hiciera algo parecido.
2001: mil canciones en el bolsillo
El 23 de octubre de 2001 Apple presentó el iPod, capaz de almacenar hasta 1.000 canciones en un dispositivo de 185 gramos. La cifra parece modesta en la era del streaming, pero entonces sonaba a ciencia ficción portátil. El iPod no fue el primer reproductor MP3. Fue el que convirtió un mercado lleno de aparatos torpes en un fenómeno cultural. La rueda de control, los auriculares blancos y las campañas de siluetas bailando hicieron el resto.
2007: un iPod, un teléfono y un comunicador de internet
El 9 de enero de 2007 Steve Jobs presentó el iPhone como tres productos reunidos en uno: un iPod con pantalla táctil, un teléfono móvil y un dispositivo para acceder a internet. No eran tres aparatos, claro. Era uno solo, y el público tardó unos segundos deliciosos en entender la broma. El primer iPhone tenía limitaciones hoy difíciles de imaginar. No admitía aplicaciones de terceros como las entendemos ahora, no grababa vídeo y ni siquiera ofrecía conexión 3G. Pero su pantalla multitáctil y su interfaz hicieron que muchos teléfonos existentes parecieran, de golpe, calculadoras con antena. El iPhone cambió la fotografía, los mapas, la música, el comercio, las redes sociales, la publicidad, el transporte urbano y hasta nuestra postura corporal.
También inventó esa escena contemporánea en la que alguien busca desesperadamente el móvil mientras lo sostiene en la mano.
2008: la era de las apps
La App Store abrió en julio de 2008 con más de 500 aplicaciones disponibles. Aquello transformó el iPhone de producto terminado en plataforma. Un mismo dispositivo podía convertirse en consola, navegador GPS, instrumento musical, lector, banco o máquina para lanzar pájaros contra construcciones poco fiables.La tienda creó además una enorme economía para desarrolladores. Apple pasó a controlar no solo el aparato y el sistema operativo, sino también la principal puerta de entrada al software.
2010: el iPad y el ordenador que no parecía ordenador
Cuando Apple presentó el iPad, abundaron las bromas sobre que era simplemente un iPhone grande. Después llegaron millones de ventas y numerosos fabricantes concluyeron que, pensándolo bien, fabricar un iPhone grande parecía una idea estupenda. El iPad consolidó las pantallas táctiles como herramientas para leer, dibujar, estudiar, trabajar y entretenerse. No sustituyó por completo al ordenador personal, como algunos pronosticaron, pero creó una categoría relevante entre el teléfono y el portátil.
2014: Apple se coloca en la muñeca
El Apple Watch fue presentado el 9 de septiembre de 2014 como el dispositivo más personal de la empresa. Comenzó con ambiciones de accesorio de moda y terminó encontrando su mayor razón de ser en la salud, el ejercicio y las notificaciones. El reloj reforzó una característica cada vez más importante del negocio: cuantos más productos Apple posee una persona, mejor colaboran entre sí y más complicado resulta abandonar el jardín.
2016: los AirPods y la desaparición del cable
Apple presentó los AirPods el 7 de septiembre de 2016, coincidiendo con la eliminación del conector de auriculares del iPhone 7. Al principio fueron recibidos con bromas sobre bastoncillos de algodón. Poco después, las calles, los trenes y las videollamadas quedaron llenos de ellos. Su éxito volvió a demostrar que la gran ventaja de Apple no era una especificación aislada, sino la ausencia de fricción: abrir la caja, acercarla al teléfono y empezar a escuchar.
2020: el Mac cambia de cerebro
En 2020 Apple inició la transición de los procesadores Intel a chips diseñados por la propia compañía. El primer gran resultado fue el M1, presentado en noviembre de ese año. Apple destacó sus mejoras en rendimiento, eficiencia y autonomía, inaugurando una nueva etapa para el Mac. El cambio permitió fabricar portátiles potentes que no necesitaban comportarse como un secador de pelo cada vez que el usuario abría seis pestañas del navegador.
También hubo manzanas con gusano
Celebrar 50 años no obliga a convertir la historia en un anuncio. Apple ha producido fracasos, teclados problemáticos, accesorios desconcertantes, ordenadores mal planteados y servicios que llegaron tarde o tropezaron al estrenarse. Ha sido criticada por sus precios, por la dificultad de reparar algunos dispositivos, por las condiciones de su tienda de aplicaciones y por ejercer un control extraordinario sobre su ecosistema.
Pero incluso sus tropiezos explican parte de su influencia. Apple elimina una conexión y la industria protesta antes de eliminarla también. Lanza una categoría con limitaciones y sus competidores corren a perfeccionarla. Cambia una norma de diseño y, al año siguiente, aparecen imitaciones en todas partes.
Apple ha pasado de vender una placa de ordenador a participar en casi todos los momentos del día: el teléfono que nos despierta, el reloj que cuenta nuestros pasos, los auriculares que llevamos en el metro, el portátil con el que trabajamos y la nube donde guardamos las fotografías que probablemente nunca volveremos a mirar. Su gran logro no ha sido fabricar siempre la tecnología más avanzada. Ha sido conseguir que la tecnología compleja pareciera sencilla, deseable y personal.
Medio siglo después, la empresa continúa viviendo de una promesa formulada una y otra vez: el próximo dispositivo será más rápido, más fino, más inteligente y encajará todavía mejor con todos los que ya tenemos.






















