OCTUBRE NOVIEMBRE 2018

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viajes excepcionales

Una muralla montañosa que llega a alcanzar más de 6.000 metros parte en dos mitades a la República del Ecuador, un pequeño país que esconde entre cumbres y selvas algunos de los espacios naturales más espectaculares de América. La biodiversidad que le regala su ubicación en la misma línea del ecuador, la altitud y la abundante actividad volcánica se combinan con una cultura indígena de se remonta al periodo inca y un legado colonial español encabezado por su capital, Quito.

TEXTO Y FOTOS: JOSÉ MARÍA DE PABLO

Ecuador, el secreto de los Andes 2

Iglesias de la epoca virreinal en Quito

Aunque nunca tuvo la importancia política de otras ciudades del virreinato del Perú, Quito ha logrado conservar gran parte de su legado histórico colonial, lo que le ha valido la designación como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Como todas la ciudades construidas por orden de la Corona española en América, la capital ecuatoriana está ordenada en un damero perfecto que podemos empezar a recorrer en la Plaza Grande. Este lugar, siempre animado, representa el corazón de Quito. Allí están las sedes de la Presidencia de la República -Palacio de Gobernación o de Carondelet- y la catedral, dos poderosas instituciones que llevan aquí desde 1534, fecha en la que Sebastián de Benalcázar, conquistador a las órdenes de Francisco de Pizarro, fundó la ciudad.

En una de las esquinas de la plaza está el Centro Cultural Metropolitano, un edificio histórico que acoge diversos espacios de exposiciones como el Museo Alberto Mena Caamaño, museo de cera en el que se representan los momentos más importantes de la historia de Ecuador, destacando entre todas las escenas la de la primera Misión geodésica franco-española, dirigida por Charles de la Condamine, entre cuyos méritos destacó el descubrimiento del uso que los indígenas hacían de la planta de la quinina como remedio contra la malaria.

Como en casi todo el Nuevo Mundo, las órdenes religiosas desarrollaron un importante papel en la conquista. Una de sus misiones fue cristianizar los mitos paganos de los pueblos andinos. Por ejemplo, el camino sagrado que unía los templos del sol y de la luna fue transformado en un vía crucis al que se conoce extraoficialmente como Calle de las Siete Cruces, oficialmente calle de García Moreno. Fue en este camino donde los Jesuitas fundaron su principal templo, una obra maestra del barroco colonial levantado con piedra del Pichincha, el volcán que con sus 4.784 metros guarda las espaldas de la capital, situada casi a 2.000 metros más abajo. En el interior de la iglesia destacan sus paredes de filigrana barroca totalmente recubiertas de pan de oro; la sillería del coro tallada en madera noble de la amazonía y la cúpula, hecha con ligera piedra pómez.

Precursora de los lujos jesuíticos fue el complejo religioso levantado por los Franciscanos a la vez que nacía la colonia española en Quito. Presidiendo la enorme plaza que lleva el nombre de su fundador, San Francisco, se encuentra el convento e iglesia homónimos que esconde tras sus muros ocho patios y el mejor museo de arte religioso con la impronta de la Escuela Quiteña, el estilo artístico que se desarrolló en la zona a partir de la fusión del saber hacer indígena y español.

Nubes sobre las quebradas desde Pichincha
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Para terminar esta vuelta por ese Quito monumental hay que dirigirse a la La Ronda, la calle de la época virreinal mejor conservada, además de ser uno de los lugares más animados al atardecer. Junto a tabernas tradicionales donde es tradición servir empanadas de viento con maíz morocho y un vaso de canelazo -bebida a base de aguardiente, azúcar y canela muy popular en toda la cordillera andina- en la Lo Ronda se encuentran los estudios de algunos de los mejores artesanos del país. El número 989 de la calle es la sede de Manos en La Ronda, un colectivo de profesionales que comparten este edificio colonial donde han encontrado el lugar de trabajo y escaparate ideal para desarrollar su labor. Restauradores, escultores especializados en la escuela quiteña, expertos en taracea y hasta chocolateros son el alma de La Ronda.

Antes de aventurarnos a explorar la mítica Avenida de los Volcanes, hay que subir a las alturas de Quito para obtener una vista general de la ciudad. El mirador más próximo a la ciudad histórica es El Panecillo, una colina donde se ha colocado una talla gigante y alada que representa a la Virgen María. La cota es la idónea para disfrutar de una vista sobre los tejados y campanarios del Casco Histórico.

Otra experiencia bien diferente es la que se vive tomando el teleférico que asciende desde el centro hasta los 4.100 metros de altitud tras recorrer por el aire 2.237 metros. El final de este viaje hacia las nubes se ubica a solo 580 metros debajo de la cima del Pichincha. La panorámica desde aquí son de vértigo. La ciudad es apenas un borrón blanco situado al fondo del valle, pero la sierra con las cumbres más altas de Ecuador, el Chimborazo y el Cotopaxi, nos regalará unas imágenes y una paz inolvidables.

Camino de acceso a la cumbre, en Antisana
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La Sierra

La cordillera de los Andes atraviesa Ecuador y forma un fértil valle en el que se ubican las más animadas poblaciones del país. A este valle rodeado de cumbres volcánicas, 25 de ellas aún activas, se le conoce como la Avenida de los Volcanes, romántico nombre aportado por Alexander von Humboldt, el geógrafo y científico alemán que recorrió toda Sudamérica a principios del siglo XIX.

Las posibilidades de disfrutar de este entorno de montaña son infinitas. Sin alejarse mucho de Quito es posible disfrutar a tope de las montañas, ya sea descansando en alguna de las Haciendas históricas convertidas en hoteles rurales con encanto, paseando en la bici o realizar ascensiones por las cumbres de nieves permanentes.

De todos los picos de Ecuador, es el Cotopaxi el que más magnetismo desprende. Sus 5.897 metros y su perfil de cono perfecto rematado por las nieves permanentes de su glaciar le hacen reconocible al instante. Alcanzar su cumbre es algo solo apto para gente en buena forma física, pero para acercarse hasta el Refugio José Rivas, a 4.864 metros y animarse a visitar los grietas y seracs de la cola de su glaciar solo hace falta tener un poco de fuerza de voluntad y ganar la batalla al mar de altura que te impide caminar con normalidad.

Ecuador, el secreto de los Andes 1

Cotopaxi desde Sierra Alisos Hotel de Campo

Los que no tienen valor para subir tan alto pueden visitar las quebradas del volcán, situadas a 3.600 metros. Un paseo por sus collados debe incluir una visita a la laguna glaciar de Limpiopungo y una breve caminata por el sendero Mariscal Sucre, ubicado en el centro de interpretación del Parque Nacional  Cotopaxi.

Otra experiencia bien diferente se puede vivir en la Reserva Ecológica Antisana, situada al este de Quito, ciudad que se abastece del agua acumulada en los lagos que se encuentran en la parte más alta, a más de 5.000 metros de altitud. Los senderos habilitados en Antisana son aptos para todos. Allí vamos a encontrar un misterioso paisaje llenos de especies vegetales endémicas y animales salvajes, todo ello bajo la atenta mirada del volcán nevado Antisana.

Estos inhóspitos lugares son el espacio idóneo para divisar algún cóndor, el ave nacional ecuatoriana de la que se estima sólo quedan unas 26 parejas con capacidad reproductiva. Este gigante del aire puede volar hasta a 5.000 metros de altitud, pero nunca por debajo de los 3.500, ya que no podría volver a ascender o aprovechar las corrientes verticales de aire caliente.

Ecuador, el secreto de los AndesQuilotoa, la laguna turquesa

Para integrarse durante unos días en la vida de los pueblos de montaña, el mejor lugar es el entorno de Quilotoa, una aldea a 4.010 metros habitada por indígenas quechua en cuyas casas es posible alojarse. Quilotoa es conocida mundialmente por la laguna color turquesa que cubre el cráter del volcán homónimo, aún activo.

Unos pocos kilómetros  más abajo de Quilotoa, camino de vuelta hacia la carretera Panamericana, está Zumbahua, una aldea en la que cada sábado tiene lugar un animado mercado al que acuden campesinos de todas las aldeas próximas. Además de alimentos frescos, bollería, madejas de lana de alpaca de mil colores, gallinas vivas o lana de ovejas recién esquilada, es posible adquirir un traje hecho a medida por alguno de los sastres que acuden a la cita sabatina con sus máquinas de coser.

GUÍA DE VIAJE

CÓMO LLEGAR:

KLM vuela cada día a Quito desde los principales aeropuertos españoles vía Ámsterdam. Ida y vuelta desde 731 €. Más información y reservas en www.klm.com

DÓNDE DORMIR:

Casa Gangotena. Fue la casa de una de las familias más poderosa del país, ahora Hotel boutique de lujo con 31 habitaciones en la misma plaza de San Francisco de Quito.

City Art Hotel Silberstein. Una mansión burguesa en el corazón de La Mariscal, la zona más cosmopolita de la capital, donde está toda la vida nocturna y los centros comerciales.

Hacienda Sierra Alisos. A unos 45 minutos al sur de Quito se encuentra este Hotel de Campo en el que no se oye más sonido que el del viento o el aleteo de los colibríes libando néctar de las flores del frondoso jardín. Las seis habitaciones disponibles son completamente diferentes, todas con grandes vistas y decoración rústico-contemporánea. En su restaurante se sirve comida preparada con ingredientes cultivados en la propiedad. La atención al huésped la hace personalmente Raúl, el propietario arquitecto y diseñador, descendiente de una familia de intelectuales y actores quiteños que construyeron en este paraje su casa de campo.

Hostería Papagayo. Sencilla hacienda decorada con antigüedades. No hay producción agrícola, pero a cambio ofrecen un buen restaurante y visitas a Ecoroses, vivero de rosas situado justo detrás del hotel.

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