Los materiales actuales darán paso a elementos más naturales y renovables.

Los neumáticos son, hoy por hoy, el único punto de contacto del vehículo con la carretera. Los materiales actuales, basados en elementos fósiles, podrían dar paso a corto plazo a otros muchos más naturales y renovables. Y no sólo eso a medio y largo plazo ya hay marcas pensando en soluciones que, por increíbles que parezcan, podrían prescindir del aire en su interior y proporcionar resultados revolucionarios. Hacemos un repaso al presente, futuro inmediato y a lo que podría ocurrir dentro de algunas décadas con las llantas. Al menos mientras sigan sin existir los coches voladores.

PRESENTE

En búsqueda de la seguridad y la eficiencia.

Las normativas actuales, del pasado mes de noviembre, prohíben la compra de neumáticos poco eficientes, y en esta línea las principales marcas por fin van convenciendo al cliente de que más goma no es sinónimo de más seguridad. La muestra más reciente, los prototipos presentados en el pasado Salón de París, donde pudimos ver neumáticos más altos, pero también mucho más estrechos, como en los que se calzó el revolucionario Eolab de Renault. Ya en la calle, marcas como Bridgestone equipan algunos modelos con llantas de hasta 19″ pero mucha menor superficie de contacto.

Pirelli, en otra línea, sorprendió hace un par de temporadas con el Cyber Tyre, capaz no sólo de funcionar sino de transmitir información. Desde la marca italiana afirman que se «convertirá a corto plazo en una aplicación para los coches normales. Estamos trabajando en vehículos que serán lanzados en 2016-2017», fecha para la que planean su lanzamiento a nivel comercial.

Antes de que esto llegue, si es conveniente que valoremos la opción de montar neumáticos de invierno para estos meses: mejoran la seguridad y la movilidad ya que aportan una mayor tracción, frenada y control con agua, escarcha, nieve, y especialmente con hielo. Si se montan cuatro neumáticos de invierno la estabilidad y el control son mayores.

Una opción muy a tener en cuenta es el nuevo UltraGrip 9 de Goodyear, en el que los canales y los bordes coinciden con la huella del neumático durante cualquier maniobra, con lo que se consigue una buena respuesta en recta y en curva, tanto al frenar como al acelerar. Utiliza una mezcla que incluye aceite vegetal y resina, muy recomendable para situaciones en carreteras resbaladizas.

FUTURO INMEDIATO

Inteligencia y mejores materiales

La agudización de los factores presentes y las investigaciones en esta línea serán lo que marquen las novedades en el futuro más próximo. La «inteligencia» de los neumáticos pasa no sólo por transmitir información sino por saber adecuarse de forma autónoma a las condiciones y modificar incluso su superficie de contacto con el asfalto según cómo se conduzca y por dónde, algo que ya ocurre con la longitud de la banda de rodamiento.

Otra de las cosas que más avanzarán serán los materiales. La marca Continental, a la vanguardia de los neumáticos inteligentes con su sistema In-Tire, que consigue incluso calcular la profundidad del dibujo en función de los cambios graduales en la rodadura de los neumáticos y que avisa de cuándo reciben demasiada presión o necesitan ser cambiados, ya emplea el aceite de colza en lugar de los fósiles, y un poliéster con seda artificial como refuerzo de la carcasa. «Estos neumáticos van a tardar en torno a cinco años más en aparecer», expresa su jefa de materiales.

FUTURO

Ruedas sin aire, y que por lo tanto no se pinchen ni requieran apenas ningún mantenimiento. Michelin trabaja en el concepto Airless, con una estructura radial de materiales compuestos y diseñada para durar toda la vida del vehículo. La fábrica francesa no se queda ahí y avanza en un campo llamado «Tweel» que integrará el neumático y la rueda. Es una evolución del Airless y ofrecerá deformaciones para absorber los choques. O lo que es lo mismo, hacer de rueda y de amortiguador, todo en uno.

Pero el avance más espectacular es el «Active Wheel», integrando tracción, suspensión, frenada y rodaje. La rueda equipará un motor eléctrico y un sistema de suspensión, y está destinada a integrarse en los vehículos eléctricos. Su motor, claro, funcionará con una batería. Cuando alcance la comercialización, algo para lo que aún quedan años por delante, podría ejercer de todo en uno, ya que los coches no necesitarían caja de cambios, embrague, cardán, barra antibalanceo ni eje de transmisión.

Texto Miguel Sesé