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España está llena de pueblos, aldeas y villas deshabitadas que guardan entre sus calles y edificios en ruinas mucha historia, leyendas y muchos secretos.

TEXTO: JAVIER VARELA

Entre 1950 y 1970 se llevó a cabo una enorme emigración del campo a la ciudad, en busca de mejores condiciones de vida, provocando la despoblación de muchos pueblos. Esta situación de abandono del área rural ha provocado que Comunidades Autónomas como Cantabria, La Rioja o Galicia hayan perdido más del 10% de su población rural en la última década. Según el informe del Consejo Económico y Social de enero de 2018, el 61% de los municipios de España tienen menos de 1.000 habitantes, y 1.286 subsisten con menos de 100 empadronados. Según la Comisión de despoblación de la FEMP, más de 4.000 municipios están en riesgo de extinción y, por lo tanto, pueden llegar a convertirse en pueblos abandonados de España.

El Programa de Reconstrucción de Pueblos Abandonados, iniciado en 1984, en el que colaboran los Ministerios de Fomento, Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, y las Comunidades Autónomas de Aragón, Castilla-La Mancha y Extremadura, permite la realización de actividades en verano en algunos de estos pueblos que recuperan la vida durante el verano. Búbal (Huesca), Umbralejo (Guadalajara) y Granadilla (Cáceres) son los tres pueblos elegidos para que miles de estudiantes de toda España emulen la experiencia de ser un agricultor o un ganadero mientras viven y trabajan en los huertos intramuros durante 15 días.

Además, la nueva forma de hacer turismo ha recuperado, de alguna manera, a muchos pueblos que siguen recibiendo la visita de curiosos años después de quedar abandonados y ver pasar el tiempo mientras lo que antaño eran castillos, palacios y casas van convirtiéndose en ruinas. Todos ellos forman parte de nuestro conjunto histórico idóneo para organizar una excursión o descubrir cómo se vivía en ellos. Recorremos algunos de estos pueblos abandonados o deshabitados y descubrimos que mantienen su espíritu original.

Pueblos abandonados para encontrarse

Castillo de Granadilla. Foto: Turismo de Extremadura

Granadilla, Cáceres

Algunos descubrieron este pueblo gracias a Pedro Almodóvar, que lo utilizó para el final de su película ‘¡Átame’!, pero su historia se remonta al siglo IX, cuando fue fundado por los árabes. Estaba y está completamente amurallado y contaba con alcazaba, mezquita y plaza de mercado y su importancia fue tal que llegó a ser capital de la comarca. En los años sesenta al hacerse la presa de Gabriel y Galán el pueblo fue expropiado, se inundaron los campos y quedó rodeado por las aguas convirtiéndose en una península a la que sólo se puede acceder por una carretera en la que no se puede circular a más de 30 kilómetros por hora. A la entrada de la villa, el castillo del siglo XV da la bienvenida a los visitantes a modo de la grandeza de la localidad. Se conservan todavía la mayoría de sus construcciones, motivo por el que en 1980 se le declaró Conjunto Histórico-Artístico.

Actualmente el pueblo cuenta con unas 50 edificaciones recuperadas, utilizadas todas y cada una de ellas por el programa educativo antes mencionado. Destaca la Iglesia del Siglo XV de Nuestra Señora de la Asunción y la plaza mayor. El pueblo, que tras la conquista de la ciudad de Granada pasó a denominarse Granadilla para evitar confusiones, tiene horarios de visita (De 10 a 13.30 horas y de 16 a 18 horas de noviembre a marzo. Y de 10 a 13.30 horas y de 16 a 20 horas de abril a octubre. Los lunes está cerrada, excepto los festivos). Y tiene una original forma de anunciar que la visita a terminado. El sonido de una campana que está justo a la entrada de la puerta principal y que servía para anunciar el toque de queda en tiempos pasados.

Pueblos abandonados para encontrarse 1

Un calle de Umbralejo. Foto: Xuanxu

Umbrajelo, Guadalajara

Situado en el la Sierra Norte de Guadalajara aparece como de la nada Umbralejo, un pueblo medieval de arquitectura negra en el que destaca la pizarra en sus tejados y el barro. Para acceder a él hay que ir atento para no pasarse la única y no muy clara señal en la desviación a Valverde de los Arroyos de la carretera autonómica CM 1006. Forma parte de la ruta de los pueblos negros y es uno de los mejores ejemplos de este tipo de arquitectura. Las primeras referencias del pueblo datan del siglo VIII tras la conquista musulmana de la península, aunque posteriormente fue cambiando de manos hasta que en 1971 las casas fueron expropiadas por ICONA, convirtiéndose en una de las víctimas de la política forestal de la época.

Escondido en un bosque en un bosque de pinos silvestres y algunas encinas y melojos, esta villa alberga más de 70 edificios repartidos entre pajares, casas y otros usos. Perteneciente al municipio de La Huerce es un lugar muy frecuentado por los amantes del tracking y el ciclismo de montaña. Al pueblo no se puede acceder en coche –hay un aparcamiento a 500 metros-  y gracias a la restauración que ha sufrido se convierte en un museo arquitectónico al aire libre en el que la pizarra y la cuarcita, la tierra, los árboles y el cielo son el decorado.

Pueblos abandonados para encontrarse 2

Bubal, en Huesca. Foto: willtron

Búbal, Huesca

Búbal es otro ejemplo de pueblo abandonado a causa de la construcción de un pantano. En 1970 se llevó a cabo la expropiación del municipio a cargo de la Confederación Hidrográfica del Ebro para construir el pantano en con el mismo nombre. Se inundó gran parte del pueblo y de las tierras que destinaba a la agricultura, aunque la parte alta quedó en pie y a día de hoy sigue vigilando las aguas del pantano. El pueblo permanece entre Biescas y Sallent de Gállego, entre Peña Telera y los 18 tresmiles que emergen del Valle de Tena. Precisamente desde la Peña Telera desciende un profundo bosque conocido como Selva de Búbal, que le da un toque de misterio y romanticismo a la zona.

Entre los edificios que se mantuvieron en pie destaca su iglesia parroquial de San Martín (siglo XVIII), que ha sido restaurada gracias al Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados. Para llegar a Búbal hay que seguir la carretera C-136, cuyo trazado modifica el del antiguo Camino Real que hasta la construcción del Embalse de Búbal recorría junto al río Gállego todo el valle de norte a sur. Las vistas desde la presa son espectaculares con el pirineo aragonés como protagonista.

Pueblos abandonados para encontrarse 3

Casa de Bustillo de Cortiguera. Foto: Cristina E Lozano

Cortiguera, Burgos

Miguel Delibes ubicó en este pueblo medieval la obra ‘El disputado voto del señor Cayo’ en 1978, aunque está abandonado totalmente desde 1965. Está situado a 69 kilómetros de Burgos en la comarca de Páramos y depende del Ayuntamiento del Valle de Sedano. El pueblo aparece colgado de los precipicios que se abren al profundo cañón conocido como Hoces del Alto Ebro y Rudrón y un sendero es la forma de acceso mientras escuchas el murmullo del río. En sus calles siguen en pie, aunque en estado de ruinas, edificios de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Pero entre todos ellos destaca la Iglesia del siglo XVII, invadida por la vegetación, pero en la que destacan dos capillas góticas en las que conversan restos de pintura. Su campanario, por el que se puede acceder por una escalera estrecha, se culmina con un techo de madera en ruinas en el que aparece una inscripción con una fecha: 1864. La villa fue sede de importantes familias indianas que regresaron ricas después de hacer las ‘américas’ y construyeron pequeños palacios en su pueblo de origen. Entre ellas destacan algunas casas blasonadas como las Del Moral y De la Fuente Bustamante -los dos linajes del lugar-.

Pueblos abandonados para encontrarse 4

Vista de Gallicant, en Tarragona.

Gallicant, Tarragona

Se trata de uno de los pueblos más antiguos del Priorat, ya que hay edificaciones del año 1729, aunque en la década de los 50 fue abandonada. Era una aldea de 8 viviendas situadas en hilera y que hoy apenas se mantienen en pie sin techo, sin vigas interiores ni tabiques que soporten un poco el peso del abandono. En ella vivieron varias familias en Cal Casat, Cal Manuel, Cal Joanet y Ca l´Anyep, que eran las viviendas que contaban con una prensa propia para elaborar el vino y el aguardiente que vendían en la cercana Reus.

No fue fácil la vida en esta aislada pedanía del municipio de Arbolí en la comarca del Baix Camp como demuestra su ubicación en un terreno abrupto, a 880 metros de altitud, situada sobre un rellano dando la espalda al cañón por donde se mueve el río Siurana y teniendo de frente al Puig de Gallicant. Con pocas comunicaciones, junto a una de las casas construyeron un pozo para tener agua, pero en la época de sequía escaseaba. Tantas dificultades provocó que los habitantes de esta localidad terminaran por marcharse a la cercana Arbolí y mantuvieran este conjunto de casas como lugar para llevar a cabo las labores agrícolas, pero con el paso de los años terminaron por dejar lo que ahora son unas ruinas en las que hacer un descanso en una excusión y disfrutar de las vistas que regala del monte Gallicant y del pantano de Siurana.

Pueblos abandonados para encontrarse 5

El pueblo de Escó. Foto: Tony Hisgett

Escó, Zaragoza

Escó es el pueblo más pequeño de los tres que despobló la expropiación de la Confederación Hidrográfica del Ebro para hacer el pantano de Yesa en el año 1959 (los otros son Tiermes y Ruesta). En sus calles, abandonadas y con edificios en ruinas se pueden encontrar restos celtas y romanos. Durante la Edad Media su castillo fue un importante enclave estratégico y entre sus construcciones destacan la ermita de Nuestra Señora de las Viñas (reconstruida) y la iglesia románica de San Miguel, cuyo campanario está en buen estado y se puede acceder gracias a una escalera.

En este pueblo en la frontera entre Zaragoza y Navarra, los primeros asentamientos son de la Edad del Bronce. Cuando se pasea por sus calles ves casas de pueblo de toda la vida a las que el paso de los años y el abandono han convertido en ruinas que vigilan el paso de los caminantes. Ventanas rotas, balcones colgantes, edificios sin techo, las paredes de piedra de las casas se han abierto, resquebrajado y hundido y confieren al visitante la sensación de un escenario sacado de una película de terror. El pueblo está formado por dos barrios, tres calles y aproximadamente 60 casas que van colapsando. En la actualidad residen en él, no de forma permanente, cuatro pastores de ganado. Para acceder a Escó se hace desde la N-240, aunque llega un momento que el paso a los vehículos está bloqueado y hay que seguir a pie.

Pueblos abandonados para encontrarse 10

El etnografico pueblo de Teixois. Foto: Turismo de Asturias

Os Teixois, Asturias

La aldea de Os Teixois se ubica dentro de la Reserva de la Biosfera del río Eo, Oscos y Tierra de Burón y está catalogada como Bien de Interés Cultural desde 2005. Tras haber sido abandonada se conservó y rehabilitó para hacer turismo y se pueden disfrutar de bellos edificios, casonas, hórreos –tanto de estilo asturiano como gallego- y cabazos. La restauración integral de este complejo se inició en 1989. Desde entonces, los trabajos de rehabilitación se han sucedido, en lo que constituye un ejemplo de recuperación histórica vinculada al mundo de las manufacturas y la etnografía en Asturias. El conjunto etnográfico de Os Teixois data del siglo XVIII y está basado en el aprovechamiento integral de la energía hidráulica de las aguas del arroyo Las Mestas que atraviesa este pueblo de arquitectura tradicional asturiana.

En las visitas guiadas, se puede descubrir de primera mano cómo se utilizaba la fuerza del agua hace años para trabajar la artesanía del hierro y de qué manera facilitaban la vida a los paisanos los diferentes ingenios hidráulicos de que disponían. Los niños, y no tan niños, lo pasarán muy bien viendo en marcha los diferentes artilugios como el mazo, el molino, la rueda de afilar, el batán e incluso la pequeña central eléctrica. Cuenta con una pequeña capilla en honor a Santo Domingo, ubicada a la entrada del pueblo, justo al lado del aparcamiento.

Pueblos abandonados para encontrarse 7

Ermita de Burgondo en Ochate. Foto: Basotxerri.

Ochate, Burgos

En pleno corazón del Condado de Treviño (Burgos) y rodeado de montañas alavesas se encuentra Ochate. Una población deshabitada desde mediados del siglo XIX, pero que a lo largo de su historia sufrió varias despoblaciones por culpa de diferentes epidemias de tifus, viruela y cólera. Pero su historia empezó hace miles de años, como demuestran los restos de útiles de sílex y cuarcita utilizadas por el hombre prehistórico y que se han hallado en sus inmediaciones. En 1025 está en la Nómina de San Millán y en el  siglo XIII aparece bajo el topónimo de Chochat., Tras estar 200 años abandonada, se repobló en el siglo XVI como Ochate.

Desde hace más de tres décadas se le considera un pueblo maldito, porque en él ocurrían extraños sucesos paranormales como luces, avistamientos y apariciones, lo que ha sido causa de investigaciones y psicofonías. De hecho, Ochate en euskera quiere decir «puerta secreta», lo que sirvió a los más crédulos a afirmar que sus calles dejaron leyendas de epidemias, muertes inexplicables, apariciones fantasmagóricas, fenómeno ovni, misterio, psicofonías o parafonías que se han grabado en el interior de la torre de la iglesia de San Miguel –de 33 metros- y en la ermita de Burgondo, que se encuentra en un alto de la localidad.

Pueblos abandonados para encontrarse 8

El pueblo de Belchite. Foto: Jahidalgoaloy

Belchite, Zaragoza

La primera noticia conocida sobre ocupación humana en la zona de Belchite es la de la Cueva de los Encantados, que fue descubierto en los años 70. Los valiosos restos metálicos y cerámicos (Campaniforme) permiten datar su momento de uso entre el 1800 al 1300 a.C., en la Edad del Bronce antigua y media. Sin embargo, no es hasta la Edad del Hierro final cuando se ha podido constatar una presencia humana de importancia en este territorio. Pero si por algo es conocido este pueblo es porque sus ruinas son parte del patrimonio histórico español desde que en agosto de 1937 se produjera la batalla de Belchite. A pesar de su resistencia acabó casi devastada y se conserva tal y como quedó después de dos semanas de batalla.

Cuando se pasea por sus calles, los edificios que se mantienen en pie muestran los impactos de los bombardeos y de las balas. Y se pueden ver las habitaciones de las casas, con esas pinturas, los baños o las cocinas. Se dice que en Belchite se pueden escuchar econofonias con gritos de algunas de las más de 5.000 personas que dejaron su vida después de 14 días de lucha, por lo que ha sido un lugar de peregrinación para investigadores de lo paranormal de todo el mundo. Las ruinas de los conventos de San Rafael y San Agustín, la inquietante torre del reloj, el viejo cementerio, la iglesia de San Martín… Actualmente el pueblo en ruinas sirve como escenario de películas y documentales ya que nunca se reconstruyó para dejar intactas las huellas de la guerra.