Coches cubanos

La apertura de relaciones con los Estados Unidos augura cambios en la automoción cubana.

La apertura de relaciones con los Estados Unidos augura cambios en la automoción cubana, que abandonará sus imponentes coches de los años 50 para dar paso a la modernidad… aunque al ralentí.

Cincuenta años después, un presidente de los Estados Unidos, de forma simultánea al máximo dirigente cubano, realizaba un estamento por el cual dejaba atrás medio siglo de bloqueo y daba paso a una época de conciliación que, si todo sigue su curso, acabará con la apertura definitiva de la isla. Era una fecha para la historia, el 17 de diciembre de 2014, y desde entonces no ha habido más que reuniones y rumores acerca de la velocidad con la que sucederán las cosas de ahora en adelante.

Una reconciliación de oro

Pero, ¿qué es lo que ha cambiado para que ambos países den semejante salto? En primer lugar, que el bloqueo carecía ya de sentido para los ciudadanos de ambos países, algo refrendado por las encuestas de la Universidad Internacional de la Florida, estado en el que habitan un sinfín de exiliados cubanos. Pero existen otros dos movimientos claros. El primero, es el evidente relacionado con el consumo, el capitalismo y el dinero, siendo Cuba un lugar lo suficientemente cercano y atractivo para sectores como el turismo. Son muchos los estadounidenses que se ‘quejan’ de los precios de los visados para ir a Cuba, que rondan los 80 dólares por cada viajero. Las cifras no engañan, hoy en día son 80.000 los turistas procedentes del país de las barras y las estrellas, y se cree que esta cifra se puede duplicar en muy poco espacio de tiempo y apenas se produzca la más mínima flexibilidad al respecto. El precio del billete de avión, en torno a los 400 dólares, no es un impedimento mayor.

El otro motivo obedece más a los movimientos geopolíticos que azotan al mundo en los últimos años. El acercamiento entre Rusia y China pone en peligro la supremacía americana tanto en lo económico como en lo político, por lo que eliminar a Cuba de la lista de ‘enemigos’ puede acercar a Obama y sus sucesores a todos los países latinoamericanos.

Pero al margen de turismo, economía y política, existen otras preocupaciones más mundanas, locales y que afectan de forma más directa a la vida diaria de los cubanos. Una de ellas son las comunicaciones y los transportes. Basta echar un vistazo a cualquiera de sus calles para ver, primero, que mucha gente se desplaza caminando y, segundo, que los que tienen la enorme suerte de ‘poseer’ un vehículo se desplazan en reliquias andantes, modelos que fueron carísimos pero a los que ahora mismo les cuesta mantener la línea recta. ¿Qué va a pasar con los coches en Cuba?.

Coches nuevos… pero a qué precios

En la línea del resto de temáticas, es una realidad que va a cambiar. Va a ser algo lento, pero inexorable. Cuba, que vendió 50 coches en el primer semestre de 2014 (y la friolera de 4 motos) se prepara para una ‘revolución’. Las noticias acerca de la apertura de los Estados Unidos al régimen de los hermanos Castro son alentadoras para algunos sectores como el turismo, pero no son menos las marcas de automóviles que ya van cogiendo sitio de cara a un desembarco progresivo en la isla, en la que por el momento los precios desorbitados y los bajos salarios condicionan la compra de vehículos y la renovación del parqué automovilístico.

El aspecto legal ha cambiado ya que se ha eliminado una carta de autorización que era necesaria para comprar los coches, aunque las protestas se elevaron debido a lo caro que es adquirir un coche. Por poner un ejemplo, el Peugeot 206 vale 91.000 dólares (67.000 euros), más de cinco veces su precio en Europa. A esto hay que unirle que el salario medio en la isla es de unos 30 dólares al mes, por lo que la equivalencia es que a un cubano le cuesta comprarse un utilitario lo que a un mileurista en España algo por valor de tres millones de euros. Otro ejemplo de la marca francesa, el 508, aparece de segunda mano en los concesionarios del león por encima de los 200.000 euros, más que un Aston Martin o un Porsche en el Viejo Continente.

Tirando por lo ‘bajo’ dentro de la segunda mano, un Volkswagen Polo del año 2007 puede salir por unos 25.000 pesos cubanos convertibles (con el mismo valor que el dólar). Casi nada teniendo en cuenta sus salarios.

¿Cuáles son los vehículos que se ven en Cuba en la actualidad?

En este punto es importante recordar que Cuba no tiene fábricas de coches, por lo que todos sin excepción deben ser importados. Hace medio siglo la situación era boyante, había muchos extranjeros y se movían con soltura por la isla algunos de los mejores modelos de Buick, Cadillac, Ford, Chevrolet y algunos de marcado carácter ‘comunista’, como los Lada y los Moskvitch.

Los coches clásicos de la década de los 50 son conocidos como ‘Almendrones’, y representan uno de los activos turísticos de Cuba. Hosteleros y personas dedicadas al turismo se preguntan ahora si, con la apertura hacia la progresiva modernización de su parque automovilístico, no se perderá cierta parte del encanto que se percibe en cada uno de los rincones de las calles.

Otro factor importante son las carreteras, cuyas remodelaciones se cuentan con los dedos de la mano y que permanecen inalteradas desde 1959, año de la revolución, aunque con el evidente desgaste del paso de los años.

El tiempo será quien dicte qué pasará con ellos. Permanezcan o sean sustituidos, al menos siempre podremos disfrutar de ellos en museos, fotografías y vídeos pretéritos. En esta galería de imágenes repasamos algunos modelos y situaciones cotidianas.

Orgulloso recuerdo de más de medio siglo

Los coches americanos de la década de los cincuenta son un museo ambulante en el que el tiempo parece haberse detenido. Son vehículos con más de medio siglo en sus entrañas, y han soportado de forma irregular el paso del tiempo. Algunos marchan impolutos mientras que otros son poco más que ruinas que apenas logran arrancar. Los talleres buscan piezas de donde pueden, y el corazón de muchas de estas reliquias en poco se parece ya a los potentes motores pretéritos.